sábado, 16 de mayo de 2009

Visita a los refugios de la Guerra Civil

El día que fuimos a los refugios todos nos lo pasamos muy bien. Al principio nos pusieron un vídeo de gente que estuvo en los refugios. Cuando sonó la alarma bajamos a los refugios. Estábamos nerviosos, por lo menos, yo. Abajo nos explicaban dónde estábamos, etc...

También fuimos a una despensa, donde en caso de emergencia guardaban la comida, y a una pequeña sala donde curaban a los heridos.

Nos pusieron un vídeo de un anciano y su nieto. Estaba dividido en tres partes. En la primera parte el niño estaba triste porque ese día era su cumpleaños y no lo podía celebrar por culpa de la guerra civil. Cuando el vídeo terminó seguimos andando y una especie de viento nos acariciaba la cara. En una pared estaba el nombre de un hombre, casi no se podía leer. También había el dibujo de un barco. Los monitores decían que era de un niño. Cuando vimos eso intentamos ver el segundo vídeo pero no se podía. La monitora dijo que hubo una explosión y el niño se asustó. El abuelo le prometió un regalo...

Estábamos a unos nueve metros de profundidad.

En el tercer vídeo la guerra acabó y el anciano y su nieto esperaron a que todos salieran. El niño esperaba el regalo y su abuelo le dio el regalo de la vida.


Escrito por Carlos Garrido Fernández, 1º ESO C

jueves, 14 de mayo de 2009

La vida en rosa, que duele menos

En esta gran España tenemos muchos tipos de soplacirios. Está, por citar a unos cuantos, el que aspira a terminar la educación obligatoria, conseguir un currele, así llamado, y ganar para un coche, o sea, que molo mazo, tron. Luego, observamos otro modelo más maduro, rondando la treintena, y no por ello mejor, que rinde culto a la San Miguel, FHM en mano – con sus “Vecinitas 2009”, “Chicas del mes”, “Las 100 más sexys”, entre otras – que miran al libro de bolsillo como bonito posavasos. Se encuentran, también - no me juzguen de sexista - a las imbécilas políticamente correctas con un pequeño matiz de voluntaria y alegre estupidez. Y así, una lista astronómica, pardiez. Bajo este contraste social, donde lo ridículo se mezcla con un poco de incultura y algo de raza hispana, obtenemos una mayoría de cantamañanas puestos de perfil, de los cuales no podíamos esperar demasiado.

Todo este profundo y sentido análisis viene a cuento de la telebasura, o telespaña, que no difiere. Brillando las ganas de trabajar por su ausencia, estaba yo en el salón, derrochando el tiempo libre del cual no dispongo, alargando la hora de enfrentarme al libro de texto cuando sonaba la televisión. Ya saben. Zapeando un poco, encontré una diversa gama de ofertas: el programa de la tía rara que busca tío más raro aún, el de la que no es periodista pero se gana la vida como tal, el de la que tiene un diario, el del famosillo tontolpijo que intenta ganar un poco de fama en una isla junto con más famosillos tontolpijos, el de la que intenta avivar la sensibilidad hacia los abuelotes, el de la “soy una presentadora muy guay y me meto en la vida de otros famosos guais”, el de ese lumbreras, cuyo nombre es el concepto extendido de tontolhaba que está encerrado en una casa con más tontolhabas, etcétera. El pan de cada día, vamos. Programas que carecen de toda moralidad y decencia. Telebasura y reality shows que no muestran más que la realidad social en la que vivimos, verbigracia, un pueblo ingenuo, controlado por una minoría, altanero, en muchos casos inculto y sobre todo, conformista y pasivo. Y ante ello, la vida en rosa, españoles, que duele menos.

Y es que, "si el vulgo es necio, es justo hablarle en necio para darle gusto", decía Lope de Vega y Carpio.

Escrito por Aranxta Castillo - 4º ESO - B

Viaje de Estudios 2009


El día 30 de Marzo del 2009… ¡Nos fuimos a Canarias!

¿La experiencia? Sencillamente, inolvidable.

El camino Almería – Málaga para ser sincera, lo pasamos durmiendo y en el aeropuerto empezó lo bueno. En el despegue, podíamos apreciar en concreto a dos compañeras un poco trastornadas, una llorando del nervioso, Sheila, y una servidora, con un ataque de risa… que finalmente acabó contagiado a todos, ¡que vergüenza! El aterrizaje fue mejor.

Ya en Canarias, llegamos al hotel, que no estaba mal, y nos asignaron cada habitación…
Durante el día íbamos a comprar, hacíamos excursiones; una al Teide y la Orotava, porque ir a Canarias y no ver el Teide… y otra a los lagos Marciales, algunos locos se atrevieron a bañarse, digo locos porque hacía un fresquito… y otra a la capi, Santa Cruz de Tenerife, tremenda, estaba chulísima, llena de tiendas... ¡Aaah¡ y las patatas allí son “papas” y los autobuses “guaguas”.

La noche era lo mejor, nos inspiraba...

1ª noche:

Dimos un paseo por los alrededores con los profesores, Pilar y Paco, que se portaron muy bien con nosotros, se les ha pillado mucho cariño (esto es de parte de todo el grupo, os queremos ^^). Esa noche no hubo fiesta, estábamos reventados, a pesar de haber pasado todo el día durmiendo pero aun así, nos quedaban fuerzas para disfrazarnos, sin comentarios.

2ª noche:

En esta noche nos hicimos amigos de los vecinos de arriba, de abajo, de un lado, del otro lado, de los de enfrente, de los del otro hotel…, ¡jajaja!

Esa noche en la habitación 423 se encontraba medio hotel y, de repente, tocaron a la puerta… y al abrir nos encontramos con un tío con un bigotazo exageradamente frondoso que coge un móvil y se pone a hablar y nos dice ”soy el director del hotel” , ¡ohhh noooooo!, en segundos apareció el GUARDABOSQUES (segurata)… Menos mal que no pasó nada grave… uff sólo dispersó a nuestros vecinos… ¡Un sustillo!

Por cierto, teníamos un gigoló por ahí suelto que arrasó con las vecinas y con las que no eran vecinas…

3ª noche:

¡Por fin salimos!

Nos fuimos de fiesta a la Penny (el bribón canario), antes de salir nombramos a Sheila Miss Turaniana, porque iba sexy sexy... ¡jajaja! Todas iban muy guapas. Nos dimos la paliza más grande de nuestra vida bailando. Y después de la fiesta, más fiesta, pero ya en la 421. Allí, en esa habitación, tuvo lugar la masacre… un chico fue victima de las garras de una atroces fieras, en resumen, que maquillaron a Kike, ¡quedó guapísima!

4ª noche:

La última, nos fuimos de “botellón” a la playa y nos encontramos con nuestros vecinos que iban doblados, confundieron a Paco con un alumno y nos contaron toda su vida. Nos recogimos sobre las una de la mañana, las doce allí, y volvimos al hotel.

Locura. Las habitaciones eran una locura, las camas se volvieron ” ring de boxeo” Mari Carmen lo sabe muy bien, era EL CHAVO GUERRERO... ¡Daba unas hostias…!

Y en esta noche además de tortas, también hubo amor… ¡Ooooooh, que bonito! Una chica pasó su última noche con su principito murciano, otra no alcanzaba al principito catalán y otros que la princesa se volvió una negada ¬¬’ y el príncipe se dejaba la piel por hablar con ella (los últimos son mis favoritos =D), yo no digo nombres por lo que pueda pasar pero quien se dé por aludido será por alguna razón.

De lo único que me lamento es de que fueron pocos días. ¡Tenemos que repetirlo!

Yo me quedaría allí.

Bueno y este, en resumen, es nuestro viaje. Hay muchas cosas más pero bastante he contado ya.
Ha sido el mejor viaje de todos y nunca se nos va a olvidar, porque son momentos que no se vuelven a vivir nunca, ni de la misma manera, ni con las mismas personas.

Escrito por Aurora Zamora Ojeda 4ºESO B

La Historia de un pequeño gran caballero

Oigo los pasos, se está acercando, ...

Historia por terminar

Dibujo realizado por Lucía Vilchez Legua, 1º ESO-C

Cuento para el dia del libro.

Las aventuras nocturnas de los libros.

En un pequeño pueblo llamado Poesía se iba a celebrar el día del libro. Todos estaban muy atareados porque querían sacar todos los libros de la biblioteca en carrozas y hacer un desfile.

Los niños del pueblo nunca querían ir a la biblioteca, se pasaban el día jugando en la calle. Ya ni los adultos iban. Pero cuando dijeron que habría un concurso de cuentos y el mejor tendría un premio, todos fueron a la biblioteca a leer para inspirarse.

Un día una niña llamada Marilin se quedó dormida en un rincón leyendo un libro. Al cerrar la biblioteca nadie la vio y se quedo allí. A mitad de la noche se despertó por un ruido y se encontró a Caperucita, Blancanieves, Cenicienta, etc., haciendo una fiesta. No se lo podía creer pero era verdad. Sorprendida paseo por la biblioteca y se encontró con personajes de todo tipo. Ellos le propusieron que se uniera a la fiesta con ellos y ella acepto. Pasó una noche muy divertida.

Al día siguiente cuando la biblioteca abrió Marilin se escapo sin que nadie la viera, fue a su casa y escribió un cuento con la idea de lo que le había pasado esa noche.

Ganó el concurso y desde entonces iba todos los fines de semana por la noche para hacer una fiesta con sus personajes favoritos de sus libros favoritos.

Andrea Andreeva Andreeva 1ºEsoB

Viaje a Cazorla, Úbeda y Baeza

VIAJE AL PARQUE NATURAL SIERRA DE CAZORLA Y A LAS CIUDADES PATRIMONIO DE LA HUMANIDAD DE ÚBEDA Y BAEZA


Los alumnos de 3º ESO B y C, acompañados por los profesores Lucía Toledo y Alfonso Rojas, realizaron un fantástico viaje durante los días 21, 22 y 23 de abril.

No hubo tiempo para el aburrimiento. Los alumnos pudieron disfrutar de todo tipo de actividades (senderismo, tirolina, puentes tibetanos, tiro con arco, caballo y piragua) en el corazón de la Sierra, asistieron a una exhibición de futbolín por parte de Fran y Alfonso y, como fin de fiesta, un paseo por Baeza y una visita a la ciudad de ÚBEDA, considerada como uno de los más bellos conjuntos renacentistas de Europa.

¿Qué tal si repetimos el próximo curso?

Aportación de Lucía Toledo y Alfonso Rojas

martes, 12 de mayo de 2009

QUEREMOS REGALAR SONRISAS

Este cuento lo ha escrito una alumna de 4º de ESO que se llama Gema Ramírez.
Os recomiendo su lectura. Tiene gran madurez expresiva y un interesante mensaje.

Daniel se detuvo, emocionado, frente a un gran escaparate lleno de luces. Tras el cristal, un lustroso Papá Noel sonrosado bailaba al son de los villancicos que reproducía un viejo gramófono. Sonriente, miró a su padre y le lanzó una súplica muda.
—Pero no podemos entretenernos demasiado, Daniel —le recordó.
Daniel asintió, sumiso.
La tienda olía a nuevo. Estaba repleta de padres e hijos que, como ellos, acudían allí por aquella época a buscar el regalo perfecto para los más pequeños. Daniel se paseó entre las grandes estanterías repletas de juguetes, deslizando sus inquietos ojos por todas aquellas pequeñas maravillas, esperando encontrar alguna especial entre ellas.
Había un expositor giratorio en el centro de la tiendecita. A él se asomaban coquetos ositos de peluche, pero lo reclamaba la atención de Daniel era un payaso de inmensa sonrisa y
grandes ojos azules. Entusiasmado, el niño se acercó al muñeco y lo contempló de cerca. Estaba hecho de tela y rellenado con algún material blando. El maquillaje le ocupaba todo el rostro, resaltándole el intenso rojo de los labios y dos enormes estrellas en las mejillas. Llevaba el pelo muy rizado, enmarañado y rubio. No quedaban muchos como aquel en la tienda, y a Daniel le encantó.
—De mayor quiero ser payaso, papá —comentó—. ¿Podemos llevárnoslo? Por fa
vor...
Su padre esbozó media sonrisa y asintió. Daniel le sonrió alegremente.

Un par de horas más tarde, Daniel y su padre habían comprado ya todo lo necesario para la cena de Navidad de aquella noche. El niño portaba orgulloso bajo el brazo aquel payaso, exhibiendo sonrisas casi idénticas. Además, con su mano libre degustaba algunas de las chocolatinas que había conseguido poco antes.
Desde los aparcamientos de las galerías comerciales aún era visible el enorme árbol de Navidad que habían colocado a la entrada del recinto, una maravilla de luces y guirnaldas que hacía las delicias del modesto pueblo en el que vivían. A Daniel le maravillaba el pa
rpadeo de todas aquellas bombillas encendidas a la vez.
Fue entonces cuando descubrió a un chiquillo que debía ser poco mayor que él revolviendo entre unos contenedores. Estaba solo, era noche cerrada y hacía frío, por lo que Daniel se sintió intrigado por sus actividades en aquel lugar.
—Papá, ¿qué hace aquel niño?
—Buscará algo, Daniel. No lo mires. Date prisa.
Daniel, que sabía que su padre siempre llevaba la razón, obedeció.

En el coche, tras acomodar a su payaso en el asiento trasero junto a su silla de viaje, volvió a buscar al niño con la mirada. Le pareció que su padre tenía razón, porque indudablemente estaba buscando algo. Daniel se preguntó entonces si quizá buscaba un juguete... Miró a su payaso, y una vez más decidió que de mayor sería como su nuevo amigo, y haría feliz a la gente.
Pero aquel niño no parecía muy contento. Y Daniel, dispuesto a comenzar desde aquel momento su vida como payaso que regala sonrisas, se desabrochó el cinturón de su silla, tomó a su payaso y abrió la puerta del vehículo. El chiquillo que buscaba juguetes lo miró, intrigado. Lo que Daniel vio en la tristeza de sus ojos no le gustó, pero de repente cayó en la cu
enta de que no podía darle a nadie su payaso: era suyo y lo quería. Y también supo que él no seguiría siendo feliz si perdía a su nuevo amigo tan pronto.
—¿Qué haces, Daniel? —se extrañó su padre—. Cierra la puerta.
—Vale...
El coche arrancó, y pronto las luces del árbol de Navidad se difuminaron en la distancia.

Al año siguiente por aquellas mismas fechas, le regalarían un teclado electrónico, y entonces Daniel decidiría que de mayor quería ser músico. Porque la música hace feliz a la gente.

Historia original de Gema Ramírez, 4ºESO-B


Dibujo realizado por Elena Ramírez, 1º ESO-B